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Transcripción
El Delta cambia de color cuatro veces al año, y no es casualidad: es el calendario del arroz.
En primavera los campos se inundan y quedan como un espejo. Es la imagen que sale en todas las fotos: el cielo repetido en el suelo, los pueblos flotando en la línea del horizonte. Entonces llega la plantada. Antes se hacía a mano, doblado, con las plantas en un manojo; hoy se hace a máquina en unas semanas, pero la fecha manda igual.
En verano el verde se cierra y el Delta se vuelve una llanura compacta de un metro de alto. Es cuando los arrozales inundados funcionan como humedal artificial: garzas, garcetas y limícolas trabajan entre las cañas, y el mosquito, seamos honestos, también.
A finales de verano el verde se vuelve dorado y empieza la sega. Las cosechadoras entran en los campos y levantan una polvareda de paja que se queda suspendida con la luz de la tarde. Detrás van las aves, aprovechando lo que queda expuesto.
Después llega el agua otra vez sobre el rastrojo, y el invierno deja los campos encharcados y quietos, llenos de patos.
Esto no es folclore recuperado para el turista: son veintidós mil hectáreas de cultivo real que dan de comer a las familias de aquí. Los pueblos mantienen fiestas ligadas a estos momentos.
Si venís por la foto del arrozal espejo, la ventana es la primavera, y las mejores horas son primera y última del día. Consultad el calendario local antes de venir, porque el agua manda.
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Calendario actualizado de Plantada (junio) y Sega (septiembre) en terresdelebre.travel.
